domingo, 3 de noviembre de 2013





                                                              CAPITULO 15


Durante el capítulo 15 Don Quijote y Sancho Panza se encaminan en su rumbo hacia una de sus nuevas aventuras, y así despiden a todos aquellos que los acompañaron durante el entierro de Grisóstomo. Los dos protagonistas llegan a un apacible lugar en donde se extiende una llanura de hierba, por la cual también pasa una pequeña quebrada de agua fresca. Estos deciden pasar el rato de la siesta en este lugar y corren con la mala suerte de la aparición de unos Yangüeses, los cuales con sus potras incitan a rocinante a un poco de juego lo cual termina en tragedia para nuestro caballero andante y su fiel escudero.

Al aproximarse rocinante a las yeguas, los Yangüeses notan el problema que esto podría significar en el futuro y por lo tal con sus simples armas le pegan a Rocinante de tal forma que lo dejan malparado en el suelo. Notando esto, Don Quijote y Sancho Panza toman sus espadas y toman la iniciativa de pelear. Sus esfuerzos terminan en desgracia y ambos Sancho tanto como su amo terminan derrotados en el suelo sin dignidad alguna más que sus heridas.

“Querría, si fuese posible, que vuestra merced me diese dos tragos de aquella bebida del feo Blas, si es que la tiene vuestra merced ahí a mano: Quizá será de gran provecho para los quebrantamientos de huesos, como lo es para las feridas.” 

Con esta cita se puede ver como Sancho hace referencia a la poción que Don Quijote menciona capítulos atrás, tal vez haciendo una burla de esto o también refiriéndose a esta de forma sería para poder curar sus heridas.

Durante lo restante del capítulo Don Quijote y su escudero se recuperan lentamente mientras sostienen un dialogo sobre la Ínsula q será concedida a Sancho y otros temas comúnmente mencionados a lo largo de la novela. Finalmente parten en la mula, la cual es la única que no está mal herida tal vez representando que muchas veces los mas sensatos y los mas inteligentes son aquellos que no lo presumen ni lo demuestran, como dice el refrán “Un Burro hablando de Orejas.”












                                                                CAPITULO 16



Durante el capítulo 16 Don Quijote junto a Sancho Panza se hospedan en una venta que al parecer Don Quijote también ve como un castillo, al igual que en la última venta en la cual estuvieron. Al llegar aquí la ventera “Doncella” le ayuda a curar sus feridas, que según Sancho fueron resultado de una caída de un pico, para no tener que avergonzar a su amo de la golpiza que en realidad le dieron.

Tras haber curado las heridas y poner todo en orden, Sancho, Quijote, y un arriero extraño fueron acomodados en un lugar para poder dormir. Una vez estuvieron todos acomodados y listos para descansar y olvidar en los sueños los inagotables eventos de aquel día, Don Quijote comenzó a reflexionar sobre el amor que tenia hacia Dulcinea y como aun así sin importante mucho tendría relaciones con otra mujer aunque le costaría demasiado y sería casi imposible para el traicionar a su sin igual Dulcinea de Toboso.

Fue entonces cuando Maritornes entro al cuarto para cumplir su promesa con el arriero, y a la misma vez Don Quijote soñaba con su doncella, dado a esto Don quijote la llamo y le demostró con sus palabras el amor hacia Dulcinea de una manera larga y enredada. A la vez este la confundió con una inigualable precisa y la describió de una forma bastante ironice y graciosa.


“Y, el aliento, que sin duda alguna olía a ensalada fiambre y trasnochada, a él le pareció que arrojaba de su boca un olor suave y aromático.”. Con esto Don Quijote confunde a la moza con una princesa. Finalmente el arriero siente celos de la situación y golpea a don Quijote cosa que termina en la llegada del Ventero y del Cuadrillero, al igual que la participación de Sancho Panza y la Maritornes en la problemática circunstancia.







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